Esta semana asistí asombrada a una conversación en la puerta del cole, en la que dos niños de 8 años  comentaban diferentes escenas de El juego del calamar. A estas alturas seguro que sabes que El juego del calamar es la serie de Netflix de la que todo el mundo habla. También leí, igual de asombrada,  una circular enviada a los padres de un colegio y compartida en Twitter por su autor y  director del centro. Mis hijas me habían pedido ver la serie unos días antes “es la serie de moda en el cole” -me decían-

La serie El juego del calamar como bien pone en su recomendación de edad,  no es apta para menores de 16 años. A mi juicio por dos razones:

  1. Porque deberíamos querer apartar a la infancia de la violencia y las cosas más feas de la vida.
  2. Porque no van a entender la serie. 

el juego del calamar serie apta para niñas y niños

El juego del calamar, entre otras cosas, es una crítica al capitalismo salvaje en el que nos movemos. Que deja a mucha gente atrás y que de ninguna manera nos pone a todos jugar con las mismas cartas. Eso tan bonito de “si quieres puedes” “Todos tenemos las mismas oportunidades” “El esfuerzo y la constancia son la clave del éxito” Son solo frases que alivian la conciencia de unos, congratulan a otros y frustran a otro buen montón, en función de como sean sus vida. En el juego del calamar lo que podemos ver es como unos, que tienen demasiado dinero, se divierten a costa de otros, que lo único que tienen que perder es su vida. Esta serie muestra el “un duro tienes, un duro vales” que se decía en la época de nuestras abuelas. Y lo muestra de forma muy gráfica y con mucha violencia. Por eso no es apta para los menores. 

El resto de alarmas sobre adiciones y promoción de conductas violentas, para mi son estupideces. Me recuerdan a cuando en mi generación alarmaban a nuestros padres sobre la serie V porque niños y niñas íbamos a empezar a comer ratones y a rajarnos la piel a ver que había debajo. 

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Estamos acostumbrados a convertir en enfermedad (o en adicciones) aquello que no es mas que mala educación, dejadez, infelicidad, desamor, problemas económicos, violencia, acoso, falta de oportunidades etc. En mi opinión también por dos razones:

  1. Porque buscamos respuestas rápidas y fáciles a cuestiones que merecen reflexión. Nos sentimos más cómodos en la enfermedad, en la que no tenemos ninguna responsabilidad. En la adicción: que podemos justificar fácilmente: somos humanos, la tecnología es el mal. Que en la mala educación, la infelicidad, la escasez, la falta de oportunidades etc. 
  2. Por dinero. El campo de la psicología y la psiquiatría tienen ante si un nuevo espacio de trabajo con tantas nuevas supuestas adiciones: series, redes sociales, videojuegos, tecnología. Y los medios de comunicación, faltos de inversión publicitaria y con fecha de caducidad si no consiguen atraer a los más jóvenes,  juegan encantados a este juego de alarmar a la gente con nuevas terribles adicciones.

Los primeros tampoco iban  mal de trabajo. En los últimos años tienden a diagnosticar problemas reales como depresión/ansiedad.

Si no llegas a fin de mes y eso te genera frustración, tristeza, preocupación  y encima no puedes dormir, te diagnostican una depresión en 3 segundos. Si en el trabajo te tocan las narices y vives permanentemente irritado ídem. Si en tu casa las discusiones con tu marido son constantes y las manos vuelan y eso hace que no tengas ganas de vivir, lo mismo.

En fin, que salir con una receta de ansiolíticos de unos años para acá es los más fácil de este mundo. No lo es tanto solucionar los problemas reales. Las pastillas se compran por poquito en la farmacia. La precariedad laboral, la falta de tiempo para educar  y estar pendientes de los hijos, la falta de oportunidades, la violencia de género, la falta de conocimientos,  la incapacidad de razonar y tener pensamiento crítico… Todas esas cosas no son tan sencillas de solucionar. 

En cuanto a la circular del director que comentaba al principio, no deja de ser un reflejo de la simplificación máxima que vive el sistema educativo de nuestro país. Un responsable de un centro que no utiliza un segundo de su tiempo en informarse sobre aquello de lo que va a escribir: no ha visto la serie y la tilda de altamente adictiva y se permite el lujo de entrar en el área privada de las familias en la educación de sus hijos. Entiendo que padres y madres de ese centro educativo seguramente tendrá opiniones sobre algunos contenidos del colegio y no me los imagino enviando circulares de vuelta por muy acertados que estos fueran.

Personalmente mis hijas de 8 y 10 años no van a ver esta serie porque como digo en el título no considero que sea una serie apta para niñas y niños menores de 16 años. Pero no porque sea adictiva o porque verla vaya a hacer que tengan comportamientos violentos. Además aprovechando su interés, hablamos sobre las injusticias sociales, hablamos de cómo se organiza nuestra sociedad, de qué significa capitalismo, del valor del dinero… ¿No sería fantástico y deseable que en los centros educativos cuando se detecta un interés general de los menores se aprovechara para que aprendan sobre materias relacionadas? También a debatir, a buscar información, a expresar sus opiniones […] 

 

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Un comentario

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Nunca dejaría a mis niños verla, es demasiado fuerte para ellos. Para adultos esta genial, a mí me encantó.

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