En el último año he utilizado tanto este vestido que en julio decidí guardarlo con la ropa de trabajo que no pensaba utilizar durante el verano. Esta semana sin embargo lo he vuelto a recuperar. Siempre he sido de estrenar alguna cosa cada mes, tampoco demasiado porque soy de optimizar recursos y eso de renovar el armario completamente cada mes o incluso cada temporada me resulta un despilfarro a lo que nunca he estado dispuesta. Jamás me ha pasado eso de no estrenar una prenda, o tener una prenda con etiqueta meses en el fondo del armario. Puede que por eso a mi libros como el de Marie Kondo como que ni fu ni fa, creo que ya os lo he dicho alguna vez -jajaja-.

Además sinceramente cada día hay menos prendas que me cautiven, así que cuando algo lo hace, como en su día me pasó con este vestido y encima aguanta bien lavado tras lavado, si me aburre de tanto usarlo utilizo la técnica de ocultarlo a mis ojos unos meses y pasado ese tiempo lo sigo utilizando tan contenta. Estoy convencida que a veces nos dejamos crear necesidades de lo más inútiles, las redes sociales tienen un gran poder de persuasión y en un entorno en el que todo el mundo hace ostentación de una vida maravillosa y feliz podemos caer en el error de tratar de imitar comportamientos que ni nos harán sentir más felices, ni a medio ni a largo plazo. 

Vestido y camiseta Zara, sandalias Sfera, bolso Sal de Ibiza Store

Lo que intento decir es que al igual que en su día las revistas nos creaban necesidades, hace mucho ya que son las bloggers (o influencers) quienes nos las crean.  Es su trabajo, sin embargo hoy tenemos poder de elección, existen montones de publicaciones, blogs, perfiles sociales y depende de ti hacer esa lista equilibrada que te inspire y al mismo tiempo te mantenga los pies en la tierra. ¡Feliz miércoles!

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